La adultez comprende de los 29 a los 59 años. los patrones de desarrollo adulto no se configuran como algo novedoso, sino más bien como la consolidación de los aprendizajes previos y un perfilamiento cada vez más claro de la individualidad. Durante este período se fortalecen la identidad, la personalidad y los gustos sexuales favoreciendo la materialización de los objetivos de vida planeados por cada persona.
Situaciones de la vida cotidiana como la vida laboral, las presiones académicas, las alteraciones de la salud física y mental, la familia y los distintos hábitos, así como, los deseos, creencias, actitudes, valores y relaciones interpersonales, influyen directamente en la forma en la que expresamos y vivimos nuestra sexualidad; la sumatoria de estos factores define una buena salud sexual o, la existencia de alteraciones y/o comportamientos limitantes o dañinos que limitan una vida plena desde el placer.